A mi amigo Estanislao Ramírez, el autor de los volúmenes 1 y 2 de Pura Selva, le llamamos "Satanislao". No es un mote ofensivo para él, o en todo caso, según sus palabras, "le resbala", así nos lo hizo saber en una noche de amena conversación. Lo tuvimos cerca varios días, en la Feria del Libro Amazónico de Chachapoyas, que por cierto, es la feria más importante de la Amazonía. Compartí con él una habitación doble, así que, como era de esperarse, tuvimos tiempo de conocernos un poco más. Me dijo, la primera noche, que dormía tarde y que se levantaba temprano, y en efecto, a las cinco de la mañana de ese primer despertar en su compañía, me invitó a salir a caminar por el mercado, plaza y alrededores, con la firme convicción de que "a quien madruga, el creador le ayuda". Solo le acepté semejante vejamen al buen descanso una sola vez; los demás días, como le corresponde a un humano común y corriente, seguí durmiendo hasta las diez de la mañana. A esa hora, tan pronto me aparecía a la plaza, el gran Satanislao, vestido de camisa tropical, pantalones escotados tipo de los años 70's, botas de cuero y lentes oscuros, salía a mi encuentro para saludarme con efusividad. "Amigo ¿qué haces con ese lapicero en la mano?", le repetí esta pregunta cada mañana, porque siempre lo encontraba presto a firmar libros. Hábil en sus respuestas, me decía, por ejemplo, "tengo que estar preparado para cualquier eventualidad", o "un gran escritor no puede despegarse de su herramienta de trabajo", o "los libros dedicados valen oro", o "cuando sea más famoso, mis libros serán de colección solo por estar firmados". Tenía toda la razón del mundo. Por supuesto, yo le pedí una dedicatoria especial. Una noche hizo más frío de lo normal. Satanislao, acostumbrado al calor de Tarapoto, no solo empezó a congelarse con el aire helado, también sintió un profundo dolor en la rodilla. Julio, el afamado "abanderado de la cultura", al verlo en ese padecimiento, se acercó con una botella de aguardiente mezclado con cortezas de chuchuhuasha, conseguida de no sé dónde, e intentó aplacar su dolor a golpe de suministrarle pequeñas copas, al ras, de semejante bebida prodigiosa. Al cabo de un rato, ambos en estado etílico, en pleno clímax emocional propio de situaciones equivalentes, en las que suelen verterse frases como "no olvidaré nunca este gran momento", "eres el mejor escritor y estoy orgulloso de ser tu amigo", "eres más que mi hermano", y otras expresiones afines, Satanislao, ansioso de poner de conocimiento que él preparaba el mejor chuchuhuasha del mundo, le hizo saber a su "amigo del alma", que ese "preparado" estaba hasta las huevas. "No tiene ni sabor ni fuerza. No vale. Hubiera traído una botella de la verídica. Esta cojudez es a la vez agua", se quejó, tambaleándose, entre hipos y maldiciones. Esa noche se le pasó el dolor, pero los amigos chachapoyanos y yo tuvimos que hacer esfuerzos denodados para regresarlo al hotel sano y salvo. En otra de las noches, a eso de las 9 y 30, en vista de que la plaza lucía vacía, Satanislao sugirió que nos regresemos pronto. "Tranquilidad Satanislaocito", le habló Julio, "lo que no ocurrió en todo el día, puede ocurrir en diez minutos, ten fé". Una hora después, sin ninguna venta efectuada, Satanislao se dirigió a Julio: "al menos nos hemos visto las caras de fé y esperanza". En los demás días, en cambio, la frase de Julio sí dió en el clavo. Y así transcurrieron los días. El gran Satanislao nos aseguró que no le ofendía ningún seudónimo porque toda su vida estuvo rodeado de ellos. Le decían, entre otros apelativos, "ojos de hualo", en alusión a esas ranas gigantes que se llaman así, "borrachito hippie", por usar pelo largo en su juventud, "Chiruca pequeño" (olvidé preguntar por qué) "Sargento", por haber servido a su patria, "Lucki" por el parecido con el jugador de argentina. También nos habló de su peso, máximo de 50 kilogramos, kilos más, kilos menos. "Podrías haber sido un jinete, una estrella de equitación", esta vez fui yo quien intervino. Intentó responder algo relacionado con el tema, pero Julio, atento a sus palabras, intervino raudo: "Satanislao nunca ha buscado un caballo, sino puras runamulas". Nos reímos de buena gana. Ante la pregunta de Julio, quizás incómoda, del porqué andaba sin familia, nos aseguró que como él había millones. De nuevo el "abanderado de la cultura" metió sable: "Yo sé qué tienes tres amores: María Palma, María Pajares y María Solitaria. Son tus tres Marías". Todos reímos. "Así es, mi querido barboncito", fue la respuesta de Satanislao, enfrascado en una sonrisa sincera. Es increíble, ahora lo pienso, la paciencia que tuvo con nosotros. Ese desborde de humildad, nobleza e inocencia, me ha conmovido. Ahora que escribo estas ocurrencias, siento que es un gran amigo, fácil de querer. También es un gran escritor, sobre todo sincero. Con las letras, eso nos contó, se comprometió recién a los 64 años, a raíz de una enfermedad que por poco lo deja postrado de por vida. Solo estudió hasta segundo grado de primaria, no se avergüenza de eso; "vergonzoso sería delinquir, robar, matar", nos dijo, serio. Además, enfatizó: "las cosas suceden para tener un aprendizaje, me está yendo bien con esto, quiero andar como anduvo el Quijote, no importa si es contra la corriente". Y Julio otra vez, en alusión a su tamaño: "tú eres un gran Quijote, pero en miniatura". Finalmente, fuera de bromas, Satanislao nos dijo que se sentía afortunado de estar vivo. "Tres veces escapé de morir. Uno, cuando me mordió la víbora y por fortuna un brujo me curó a tiempo. Dos, cuando me subí a un tronco de ciruela que ya estaba a medio cortar y este se cayó conmigo encima. Quedé, de no creerlo, justo en el agujero que formó las dos ramas. Y tres, en casa de un sobrino, me salvé de morir carbonizado gracias a una llanta ubicada por suerte detrás de mis espaldas. El tomacorriente estaba sin protección, yo no me di cuenta. Sobreviví, por eso estoy feliz de estar aquí en Chachapoyas, con ustedes, mis grandes amigos". Así fue nuestra convivencia con Stanislao Ramirez Macedo, el popular Satanislao. En el trayecto de retorno, acordamos ir juntos a otras ferias.
Mi amigo Satanislao

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